Aqui quedé marcado con la espera, con mis noches sin ti, con la imagen de tu cuerpo borracho de pasiones pasadas a las que siempre dijiste adios en alboradas como si nada hubiese sido cierto.
Aqui quedé con todo lo que me ofreciste para enrrumbar mi vida cansada de trajines en mis senderos caminados.
Pero nunca me dijiste la verdad. Tu boca se fue cerrando y tus ojos imaginaban las danzas de placeres con los cuales caminabas sumida en las tinieblas, en la lujuria y tus noches de vicios, buscando enajenarte.
Quizá yo presentía tus pasos al abismo, de como te perdías en efímeros colores con sueños de espejsmos. Y te hablé de todo, de todo el amor que conocía, de las cosas bonitas que mi pecho por ti se estremecía,
de como tu invierno abriría el camino hacia bellas primaveras, de como podríamos vencer el tedio y ver las olas llenando de sonidos hermosas caracolas.
Tu sonrisa se esfumó en el gesto inadvertido y te dejaste ir de nuevo hacia el abismo con una copa que enturbió tu ser.
Cerré mis ojos y alcé mi voz hasta los cielos invocando el perdón para tu alma.